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El cantante de los cantantes

 

DE SALSA Y DE ESQUINA.
 


Por Norka Peralta Liñán


Al séptimo día, al finalizar su sexto y último concierto en Lima, dicen que Héctor Lavoe descansó y descendió a los infiernos. Se largó a recorrer las esquinas del barrio más sonero del Perú; se fue, vagabundeando, a los barracones del Callao. Visitó sus bares; disertó, para quienes quisieron escucharlo, sobre penas que hieren muy hondo ; cantó para los más, brindó con caña y fabricó su orgía.


La orgía Lavoe es una fórmula que se obtiene mezclando canciones que se regocijan en el dolor humano, sin dejar de lado el baile y soneo. La tristeza también se menea. Por eso, las mujeres que en 1986 asistieron a su concierto en la fenecida Feria del Hogar le suplicaban que cantase "Triste y vacía" y "Periódico de ayer". Las letras son de otros , pero solo él tuvo la voz necesaria para inyectarles dosis precisas de tragedia y de salsa. No se olvide también que para cantar a la gente, su gente , había que tener autoridad moral.


"El día de mi suerte" es un retrato casi fiel de su trágica vida. Héctor Juan Pérez Martínez, su nombre real, perdió a su madre a los 3 años; luego a su hermano Luis Ángel, su suegra fue asesinada, su padre moriría de un paro cardíaco en 1987 y, poco tiempo después, su hijo Tito fallecería por el disparo accidental de un amigo. Se hundió en los brazos traicioneros de las drogas y su suerte no cambiaría ni siquiera antes de su muerte, como reza aquella canción.


Cuando Lavoe cantaba "Juanito Alimaña" no se ponía en duda que conocía lo que pregonaba. Rubén Blades entona "Pedro Navaja", pero nadie lo alucina con puñal en mano, el diente de oro no se ve brillando. El panameño es un sociólogo musical de la calle, pero Héctor era un genio del son aprendido en la universidad del barrio y también, en palabras del cronista Eloy Jáuregui, "un tenor de esquina, de todas las esquinas".


Cuentan que 'La Voz' llegaría también a El Bigote, un bar abierto hace 32 años en una esquina de la avenida Dos de Mayo, según Daniel Juárez, uno de sus dependientes. "Aquí vino y la gente se amontonó afuera", cuenta Daniel. "Se tomó una foto con todos los que estaban ese día, pero la foto se malogró con la humedad". Lo mismo dicen que pasó con la única fotografía que se tomó Sarita Colonia. Así que esta leyenda es verdad para quien tenga ojos, oídos y quiera creer. Mito.




DEVOCIÓN POPULAR
Su iconografía está dispersa en las esquinas más bravas del Callao.  Alexis Villarreal, conocido como 'El Salsa', es un joven artista urbano que desde hace algunos años inmortaliza la pinta de maleante fino de 'El Cantante de los Cantantes' en las paredes de los barruntos chalacos más movidos. Desde Puerto Nuevo hasta el centro del Callao. Se vale de su talento autodidacta, del graffiti y del patrocinio de los vecinos. Una pared con su estampa es garantía de respeto. Nadie osará pintarrajearla.


Los retratos de Lavoe suelen acompañar, en una suerte de malicioso padrinazgo, los rostros de los muchachos que murieron en alguna refriega, pero siguen siendo los bravos de sus callejones . Santísima trinidad: a la diestra del rufián de esquina estará Héctor y a la izquierda cualquier otro sonero.


Los chalacos refieren historias sabrosas sobre sus correrías en los callejones; incluso se dice que existen videos al respecto.  Lo cierto es que la leyenda es mentira. Mito. Lo confirman el enciclopedista de la salsa Luis Delgado Aparicio y el empresario artístico Hugo Abele, dos de los pocos privilegiados que estuvieron a su lado durante su estadía en Lima. Tal parece que por esas fechas, Junior González, aquel de "se me perdió la cartera ya no tengo más dinero", sí conoció los barracones.


El cantante no bajó al Callao, aunque no dejó de hacer "Chimpún" en sus conciertos en Lima. Los días que estuvo en el Perú se los pasó recluido en su suite del hotel Sheraton y la casa de Abele, cuyo padre se aventuró a traerlo a la Feria del Hogar, pese a que era mundialmente conocida su fama de impuntualidad. Hubo conciertos, sobre todo en Nueva York, en los que se presentó cuatro horas después de lo previsto, pero la gente siempre lo esperó.


Sin embargo, en el Perú, aquella mala fama se quebró. Delgado Aparicio refiere que los seis días de concierto empezaron con Héctor parado sobre el escenario a las 8 de la noche en punto. Macerado en ron, eso sí. No tuvo que disculparse cantando: "Yo no soy el que llega tarde, ustedes son los que llegan muy temprano".
 






 


PRIMEROS MILAGROS
La nostalgia por Lavoe se replica en distintas partes del mundo. Hace muy poco, artistas de la talla de Willie Colón, su compañero de los primeros éxitos, Tito Nieves y Cheo Feliciano le rindieron tributo en un concierto en el Madison Square Garden de Nueva York. Ya se estrenó en el Festival de Toronto la película "El cantante", protagonizada por Jennifer López y Marc Anthony y se vienen dos más para el próximo año.


A estas alturas los fanáticos de Héctor le adjudican algunos milagros terrenales, como crear incomparables sones de la misma calidad que las letras de las canciones que se escribieron para él. Su son tuvo la categoría de discurso.


Transitó del mensaje político ("Que sorpresa se van a llevar los rusos y los americanos cuando vayan a la luna y se encuentren un barrio hispano"), a las penas por mal de amores ("Si amar es un pecado, quiero ser un pecador y si amarte es sacrilegio, pues sacrílego yo soy"), pasando por sus tragedias personales ("Sufrir será mi vida, llorar mi tormento") .

Habría que hacer un compendio literario de todos sus sones, sugieren los estudiosos de su don mayor; otros quisieran resucitar el genio de su voz. Los devotos son más realistas. Mejor está en el cielo, dijo una mujer que asistió a sus funerales. Ahora es leyenda, pintado en la esquina, estampado en alguna camiseta o en la banderola de algún equipo de fútbol.


Pronto hará milagros más divinos o se le aparecerá a alguien, es vaticinio recurrente en las idolatrías. "Todos los días le doy la vuelta al mundo", dijo alguna vez. Hasta entonces habrá que esperar o soñar despiertos. Mientras tanto, recuerde un sabio consejo: "entrecierre los ojos, pues".

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