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Este
artículo fue publicado en el periódico el Colombiano el día
domingo 4 de julio de 1993, 5 días después de la muerte de
Héctor Lavoe.
LA MUERTE DE HÉCTOR LAVOE
“EL CANTANTE ESTÁ EN EL
SILENCIO”
“La vida
de Héctor, cantante puertorriqueño muerto el pasado martes en
Nueva Cork, estuvo marcada por un triunfo espectacular y por la
decadencia sin atenuantes. En su vida todo lo ganó pero, ala
hora de su muerte, todo lo había perdido”
Por Sergio
Santana A.
Y Octavio
Gómez V.
“Quién
diablos me mandó a ser cantante”, gritaba en su lecho de
enfermo, pocos meses después de tratar de suicidarse, el enorme
salsero Héctor Lavoe.
Y su
lamento desesperado no era para menos. La vida, la suerte, sus
excesos, la habían llevado a lo más alto de la música afro
caribe, pero también la habían visto descender hasta la
desesperación de un intento de suicidio.
Héctor
Pérez Martínez, que era su nombre de pila, nació en la
localidad de Ponce – sur de Puerto Rico, el 30 de octubre de
1946. Su abuelo, Juan Martínez había sido músico.
Su madre
Panchita también lo fue, igual que don Luís Pérez quien lo
indujo a entrar desde “Pelao” a una academia musical en donde
compartió pupitre con “Papo Luca” el pianista de la Sonora
Ponceña.
A los 16
años la familia se radica como miles de puertorriqueños en la
“Gran Manzana”. Allí Héctor se convierte en el barrio, en el
malo, el atravesado, pero canta y lo hace bien. Ingresa a la
orquesta New York a mediados de los sesenta y Willie Colon lo
invita a su show. Este Newyorrican es un trombonista muy sardino,
muy loco y con dotes excepcionales para la música. Para Héctor
Pérez la vida iba cuesta arriba y apenas comenzaba la trepada.
LOS MALOS.
“¿Voy a
grabar con ese enano?”, diría Héctor cuando lo presentaron a
Colon. Ambos se juntaron para hacer explotar el genero por una
sola razón: Eran del barrio y así expresaban su vida en especial
con la música.
En 1967
sale al mercado el primer larga duración del tandem Colon –
Lavoe, que así se debía llamar a estancias de su manejador. Ese
trabajo titulado EL MALO , empezó a hacer época. Durante ocho
años de trabajo continuo sacaron al mercado diez larga duración,
algunos de los cuales quedaron como clásicos de la salsa.
En 1975 se
separaron, mas por razones de Colon que de Lavoe,pero en lo
sucesivo el newyorrican seria el productor, arreglista y
manejador musical de Lavoe.
Héctor ya
era la máxima estrella de la música sala en New York, incluso
por encima de Ismael Miranda, mas estilizado y profundo éste
mientras aquel conservaba en su voz metálica todos los tonos que
traía del barrio latino. Ese fue siempre su secreto, cantar como
la gente común, como sus hermanos de barriada, como sus
admiradores en San Juan, cuidad de Panamá, Cacarañas, o
Medellín.
LO MAXIMO.
La vida,
la suerte, su trabajo, el talento, el apoyo publicitario de ser
la estrella de fania, todos o ninguno de los anteriores fueron
su camino hacia la cima en esos gloriosos años.
Giras por
Europa, América del sur, Centro América, Africa, Acompañado del
espectacular séquito conformó Fania y en todas partes triunfó.
Una tarde
de un sábado de 1975 colmó la plaza de toros la Macarena, en
Medellín. Con una parte de la Fania all Stara. Entre el licor y
la abundante marihuana los agentes de policía debieron detener a
decenas de fanáticos, esperanzados en –al menos- tocar la ropa
estrambótica del ruidos cantante. Y al grito de “¡Mi gente!”,
toda la plaza estallo en un grito ensordecedor para seguir
cantando: “ustedes. Lo mas grande de este mundo…”
Claro que
muchos lo habían escuchado en la grabación de un concierto de la
gran Fania all Stars, en una presentación suya en el coliseo
Roberto Clemente, de San Juan Puerto Rico.
Con su
orquesta, pero con la producción de Willie Colon, Héctor
grabaría “El todo poderoso”,”Periódico de ayer”, “Vamos a reír
un poco” –a lo venesolinche-, “El retrato de mama” y en 1979,
luego de superar una crisis de alcohol y drogas, “El cantante”.
Ese fue su
momento culminante en la música, por varias razones, la madurez
musical adquirida por Colon que cuaja una enorme intervención de
violines – que ya ensayaba con Rubén Blades desde 1977-. La
letra, inspiración del abogado panameño escrita en especial para
Héctor Lavoe y la aparición de un cantante que viene de una
crisis y le confiesa a su publico que el es uno mas cuando el
show se acaba.
A RATOS.
Pero en
adelante las cosas ya no fueron lo mismo. A pesar de haber hecho
música hasta 1988, las cosas empezaron a dañarse en la vida de
Héctor Lavoe.
Las ventas
alcanzadas con sus exitos de la decada de los setenta apenas
fueron igualadas con el éxito “Juanito Alimaña” y la salsa toda
empezó a Vulgarizarse con versiones de baladas románticas o
creaciones seudo eróticas que los entendidos llaman “Salsa
camera” – crisis que subsiste-.
La música
no funciona bien para Lavoe que seguía viviendo de glorias de
otros años y de la gratitud de los salsomanos.
La vida le
empezó a cerrarle paso y perdió a su madre en un accidente. En
medio de las depresiones causadas por los excesos con la droga,
recibió la noticia de que su hijo mayor, Héctor Jr., había
perdido la vida al disparársele en forma accidental un arma de
fuego con que jugaba.
Y la
sombra de la bancarrota empezó a rondarlo. El domingo 26 de
junio y luego de un fracasado concierto en Bayamón, Puerto Rico,
decide lanzarse por la ventana de la habitación 906 del hotel
Regency. Como un milagro salvaron su vida.
Se dijo
que no volvería a cantar. Que todo estaba liquidado para el,
pero trece meses después se anuncio su regreso a las tarimas y
cantó en un centro nocturno latino en New york. Otra la
cancelaron y fue internado en un hospital aquejado de una grave
infección en su sangre, secuela del intento de suicidio.
Willie
Colon, su productor durante muchos años, confeso en Medellín,
durante una visita en el año 1991 que no creía posible que
Héctor Lavoe regresara y que si lo hacia, seria una caricatura
de lo que el mundo de la salsa había conocido.
Nunca
volvió. Se fue en silencio el más escandaloso de los cantantes
de la salsa.
Y no murió
de sida, como dice por ahí. Murió de soledad, de fracaso, de
pobreza, de angustia por no poder seguir cantando.
Si el
cielo tiene un bailadero -¿Iría al cielo?- La rumba ya tiene a
tres grandes para que las almas rumberas y buenas bailen
eternamente: Benny more, Ismael rivera y Héctor Lavoe.
Una cosa
queda clara, Héctor Lavoe, para sus admiradores, nunca será UN
PERIODICO DE AYER.
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