Hace 50 años pasó por Medellín el más grande cantante cubano de todos los
tiempos
Por Sergio Santana Archbold
El pantalón ancho, un hombre negro alto, el
sombrero guajiro y el bastón, eran las indicaciones para reconocer, en
cualquier lugar, a Benny Moré, uno de los más inspirados compositores e
intérpretes de la música del siglo que acabó de pasar.
Esas cosas, unidas a su particular forma de
treparse en los escenarios, llamaron la atención de los habitantes de
Medellín, entonces una tranquila ciudad de los Andes colombianos, en proceso
de industrialización y cuya provincia, en 1955, sufría los rigores de una
intensa violencia partidista dentro de una dictadura militar. Eran los días
de julio y agosto del año de 1955, cuando el salario mínimo mensual era de
60 pesos y el Seguro Social apenas nacía, como otras entidades oficiales,
bajo el proteccionismo estatal de la economía. Frente a una incipiente
televisión se erguía, mejor desarrollada, la radio que servía para que los
cientos de miles de pobres se divirtieran, rieran, cantaran y lloraran a
precios relativamente módicos.
Aunque la creación de los radioteatros, con
el nacimiento de las cadenas radiales respaldadas por la industria nacional,
trajo consigo a los más importantes músicos del mundo hispano, antes habían
pasado por tierras colombianas muchos artistas de la élite en el mundo
latinoamericano, en especial para nuestro interés de la música afrocubana.
Y EL BENNY
A Benny Moré se le escuchaba en el país
gracias al desarrollo que en Cuba había adquirido la industria discográfica,
difundida por los sellos norteamericanos especialmente la RCA Victor, así
como por su distribución en el resto del continente y su difusión en las
estaciones radiales de gran potencia.
El 27 de julio de 1955 la edición de El
Colombiano anunciaba la presencia de la Sonora Matancera para los festejos
centrales del Club Campestre, encabezada por Celia Cruz y alternando con la
orquesta Juventud Colombiana, de Lucho Bermúdez, en presentaciones que
tendrían “Show de medianoche” con la presencia, también cubana, de las
Hermanas Lago (Cristina, Graciela y Lucía) y del tenor René Cabel.
Este tenor cubano, que residió en Colombia
desde mediados de los 60 hasta su muerte acaecida en Bogotá el 3 de abril de
1998, dijo que había sido su propia iniciativa convencer al empresario
radial William Gil Sánchez, sobre la conveniencia de invitar, en lugar de la
sonora de Matanzas, a Benny Moré. Lo que no convencía al empresario eran los
comentarios que se hacían en torno a la personalidad de “El Bárbaro del
Ritmo”, que no eran del mejor calado en la recatada comunidad local de la
época y poco afecta a comprender el comportamiento desenfadado de los
hombres del litoral y mar.
Cabel, sin embargo, no se dio por vencido y
bajo el compromiso de estar pendiente de Benny Moré durante su estadía en
Medellín, hizo los contactos pertinentes con el empresario cubano y
representante Eugenio “Tito” Garrote; y el 4 de agosto, a bordo de un DC-3,
el HK-523 de la aerolínea SAM de Colombia, llegó “El Bárbaro” a la capital
de Antioquia. Moré tenía buenas referencias musicales de Colombia porque
años atrás había grabado varios temas de autores colombianos: “La múcura”
(1949), “Pachito Eché” (1950) y “San Fernando” (1951), con las orquestas de
Dámaso Pérez Prado y Rafael de Paz.
Durante su travesía entre Cuba y Colombia,
con estación intermedia en ciudad de Panamá para unas presentaciones en
emisoras, teatros y “jardines”, que resultaron apoteósicas, Moré se dedicó a
escribir uno de los boleros que más importantes consideró en su carrera:
“Ahora soy tan feliz”. Alfredo “Chocolate” Armenteros, a la sazón músico en
la Tribu del Benny, relataría en una noche de bohemia en la salsoteca Salomé
de Bogotá, que Moré siempre recordó el viaje a Colombia porque estaba
asociado con la composición de ese tema, uno de sus preferidos.
EL DEBUT
La conexión de Moré entre Panamá y Medellín
se hizo en la ruta de Cartagena. El empresario cubano Federico “Fico”
Balmaceda y el magnate Víctor Nieto, propietarios de la Emisora Riomar,
aprovecharon el paso del Benny por Cartagena y el día 30 de julio lo
presentaron en los estudios de la emisora y luego en el teatro Miramar de la
ciudad amurallada. El animador oficial Raúl Fernández Gómez padeció ese día
una disfonía y fue remplazado por Rodolfo Martínez “Romer”. Al día siguiente
se anunció la presencia de Benny y su banda en sesión vespertina en el
teatro Almirante Padilla, pero una lluvia pertinaz no permitió el evento en
el descubierto teatro. Benny, condescendiente con los propietarios del
teatro aceptó presentarse en la función nocturna, al suspenderse la emisión
de la película de ese día, dado la importancia del cantante. Después de las
ovaciones en el Padilla, esa misma noche cantó en el restaurante Tahití de
Juan González Cornett, un cubano propietario y manager del equipo de béisbol
Los Indios. Cumplidos los imprevistos compromisos en Cartagena, en un
bimotor pasó a Barranquilla desde donde voló a Medellín.
A su llegada al aeropuerto Las Playas -hoy
Olaya Herrera- la prensa local lo recibió en grande, con despliegue
fotográfico al día siguiente en los periódicos. Se alojaron en el
desaparecido Hotel Europa, contiguo al teatro Junín. La misma noche de su
llegada, <ST1>La Voz</ST1> de Medellín los presentó en su espacio “<ST1>La
Revista Pilsen</ST1> del Aire”. La presencia física de Moré, y en especial
los gestos que usaba para dirigir a su Tribu, causaron sensación entre los
asistentes al radioteatro de la carrera Bolívar con la calle Cuba, como lo
recordaba el fallecido presentador Carlos Mejía Saldarriaga. Eran pocos los
músicos que, para la época, invitaban a su público a corear los estribillos
de las canciones. El cubano no tuvo empacho en poner a cantar las voces
locales. Aunque la audiencia no entendía cuál era la magia del sonero,
terminó por cantar con él.
La delegación tenía a 12 de los 19 músicos
habituales de la orquesta y entre otros, estaban en el elenco Rolando
Laserie, en los timbales; “Chocolate” Armenteros, en la trompeta; Eduardo
Cabrera “Cabrerita”, en el piano, y en los coros Fernando Álvarez, quien,
con el tiempo, se convertiría en estrella de la música cubana.
“Bonito y sabroso”, “Santa Isabel de Las
Lajas” y su versión de “San Fernando” eran los temas de combate de Moré y su
orquesta en Colombia, para aquellas casi olvidadas presentaciones. Tras la
presentación radial de la noche del 4 de agosto, que tuvo un lleno absoluto
en el radioteatro, amenizaron un “coctel bailable” en el Club Campestre.
Pero las cosas no salieron bien esa primera noche en el exclusivo club de la
ciudad. El maestro Edmundo Arias nos contó que Moré por su indisciplina no
pudo cantar y en su lugar lo hicieron Fernando Álvarez y Enrique Benítez.
Algunos aseguran que esa noche debutó Laserie como cantante, pero su
oportunidad le llegó en Cuba dos años después con la orquesta de Ernesto
Duarte.
¡A GOZÁ!
Años después, Fernando Álvarez, en la
biografía sobre Benny Moré, escrita por Amín E. Naser, contaba lo que
ocurrió en Medellín, en el Campestre, durante la segunda presentación. Al
club “iban magnates, gente de dinero; entonces empezamos a trabajar, pero
nadie de los presentes le prestaba atención a la orquesta, todo el mundo
estaba distanciado, no les interesaba nuestro trabajo y Benny se dio cuenta
de esto y nos dijo: ‘...Bueno, ya que a esta gente no le interesa nuestra
música, vamos a tocar para nosotros, vamos a gozar ahora con nuestra
música’. Y cuando comenzamos a tocar, y el Benny a bailar, a brincar y a dar
esos chillidos que él metía, y los mambos que inventaba en el momento, aquel
pueblo vino para donde estaba la orquesta, y aquello fue increíble”.
René Cabel, por su parte, nos contaba que los
organizadores debieron montar una tarima adecuada a la estatura de Moré
porque “era un mulato muy grande. Siempre se vestía de frac blanco y cuando
empezó a tocar, acabó con Lucho Bermúdez y con Pacho Galán”. Bermúdez había
invitado como trompetista a Pacho Galán, ambos exponentes de la música
caribeña colombiana en sus mejores páginas. A Lucho lo conocía Moré desde
comienzos de la década, cuando vivió un tiempo en México con Matilde Díaz,
donde realizaron grabaciones exitosas con músicos de la orquesta de Rafael
de Paz. A Galán lo conoció esa vibrante noche.
DE ÉLITE
Las presentaciones de Benny no fueron, ni con
poco, espectáculos baratos. La primera noche la entrada para invitados de
socio costaba 30 pesos, en una época en la que, como ya lo habíamos
mencionado, el salario mínimo era de 60 pesos mensuales y cuando el dólar y
el peso tenían el mismo valor. Un ejemplar de El Colombiano costaba 15
centavos y un radio, 130 pesos. Las entradas al baile de gala, del viernes 5
de agosto, se incrementaron a 40 pesos y aseguraba rumba hasta bien entrada
la madrugada. El sábado La Voz de Medellín volvió a invitar a “El Bárbaro
del Ritmo”, alternando con la orquesta de planta en la cadena radial RCN con
René Cabel. Esa noche fue promocionada como “La Fiesta Cubana”.
Gracias a un acuerdo entre los responsables
de los artistas que ese fin de semana se reunieron en Medellín, la audiencia
de las dos emisoras “grandes” La Vozde Medellín y La Voz de Antioquia- pudo
escuchar en sus frecuencias a las luminarias de la música cubana.
Una versión añosa en el mismo libro de Naser
afirmaba que Benny había alternado en Medellín con Carmen Miranda y Carlos
Julio Ramírez; habría que aclarar que se pudo tratar de una confusión. El 4
de agosto, cuando llegó Moré, los diarios locales informaban de la muerte de
la diva, ocurrida en Hollywood ese día en la madrugada, nota que debieron
leer y con el paso del tiempo, confundir. Ramírez, por su parte, se
presentaba en Barranquilla.
POR MIEDO
Los habitantes de Medellín de entonces eran
sumamente respetuosos de los mandatos de las jerarquías de la Iglesia
Católica. Hay que recordar, por ejemplo, que por orden de Monseñor Miguel
Ángel Builes, uno de los más importantes e influyentes jerarcas de la
iglesia local, escuchar y bailar mambos estaba prohibido, sopena de
excomunión. El baile original del mambo suponía una serie de provocadores e
insinuantes movimientos pélvicos, que tuvieron su mejor expresión en las
casas de lenocinio del barrio Lovaina, ubicado en un sector popular, pero no
en los lugares más formales de reunión. Por eso en los carteles en que se
anunció la presencia de Moré por ningún lado apareció la palabra mambo para
evitar las censuras y las incomodidades
El mismo día de la presentación de Moré en el
Club Campestre, un grupo de señoras, muy amantes de la institución del
matrimonio y sus falsos moralismos, anunciaban su intención de impedir la
visita de la diva mexicana María Félix, cuya presentación estaba prevista
para el 27 de agosto en el Club Medellín. ¿Quién iba a arriesgar a su
marido, dejándolo cerca de la gata María Bonita? Con el apoyo del arzobispo
local alcanzaron sus objetivos y la presentación se canceló.
Muchas personas no asistieron a las
presentaciones de “El Bárbaro” bajo la observancia de este mandato de la
iglesia, pero otros no lo hicieron porque no entendieron el apodo del
cantante. La acepción de “bárbaro” tiene connotaciones harto distintas en
Medellín y en Cuba. Para los colombianos es aquella persona que comete
barbaridades, es decir, casi un salvaje; mientras que en la Isla se refiere
a una persona que ejerce en forma extraordinaria su ocupación, en este caso
la música. Otros pensaron que se trataría de un negro salvaje -hay que sumar
las dosis de racismo presentes en la cultura medellinense- que, en lugar de
tocar, se dedicaba a destruir los instrumentos y a provocar y atacar al
público.
Las presentaciones del Benny en el
radioteatro de La Vozde Medellín fueron grabadas en el sistema de acetatos,
que pasaron luego al archivo de la emisora. Hasta ahora no se sabe la suerte
que corrieron estos testimonios musicales. Sin embargo, muchas versiones
rodean el destino de las grabaciones. La más comentada asegura que se
extraviaron en uno de los cambios de sede de la emisora.
NUNCA MÁS
A la presencia de Benny Moré y su Tribu se
sumaban en Medellín ese fin de semana de agosto de 1955 otras estrellas de
la música afrocaribe, situación tal vez nunca repetida en la ciudad. El
Hotel Nutibara presentaba al Quinteto Cornelius y a René Cabel. El Estadero
Candilejas, que ocupaba los predios donde hoy está un liceo de secundaria
del barrio La Floresta, presentaba a la Sonora Matancera.En el Club Mocarí,
Arturo Zuluaga y su Orquesta con Los Ases del Ritmo. El Club Medellín a
Ramón Ropaín y su Orquesta. Pero, contrario a éstos, el Club Unión decidió
no programar ninguna actividad especial esos días, según rezaba un aviso de
prensa: “Para no interferir el baile de gala del Club Campestre”.
El lunes 7 de agosto Benny Moré partió rumbo
a Cali, donde tomó otro avión hacia Perú. En Lima debutó en el restaurante-bar
El Olímpico, en los bajos del Estadio Nacional; y en el programa “El Show
del Té Único”, de Radio >La Crónica< (1320 kHz) se presentó durante varios
días, después de las 8:30 p.m. En estas presentaciones la orquesta del Benny
fue reforzada con músicos de la orquesta de Armando Boza.
Durante años se aseguró que en Cali “El
Bárbaro”, en una presentación en el prestigioso Club San Fernando, escuchó
el porro San Fernando -homenaje de Lucho Bermúdez al club-, y posteriormente
lo grabó. Pero esta versión carece de todo fundamento, ya que su presencia
en Cali fue pasajera y, al no conseguir contratos con emisoras,
establecimientos nocturnos ni clubes, no cantó en ningún escenario. Pero el
argumento más contundente es que la versión de “San Fernando” fue grabada
por el Benny en 1951, cuatro años antes, con la orquesta de Rafael de Paz,
en México.
A Benny en Colombia se le recuerda
frecuentemente, más allá de los méritos por su exitosa carrera, por los tres
temas de autores colombianos que grabó. Además, tenía en su repertorio
intimista, cuando se acompañaba a la guitarra, el bambuco “Las mirlas” de
Clímaco Vergara y Jesús María Trespalacios, que afortunadamente fue grabado
días antes de su muerte con equipos aficionados por Luis Ruiz Fernández, su
médico personal.
De Colombia se llevó su bolero “Ahora soy tan
feliz”, que terminó siendo otro lazo que lo unió con esta comarca adonde
llegó con su singular personalidad y su extraordinario cantar, el que
todavía no podemos olvidar.
Agradecimientos:
A Carlos Alberto Mejía Saldarriaga, Octavio
Gómez, Enrique Luis Muñoz, Edmundo Arias, “Chocolate” Armenteros, René Cabel,
Carlos Deiby Velásquez, César Pagano y Jaime Camargo Franco, por sus
recuerdos y la información suministrada que fue posible para rastrear lo que
sucedió aquel fin de semana con el máximo cultor de la música cubana de
todos los tiempos. Igualmente, a Ligia Hamann del archivo del periódico El
Colombiano.