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El Jazz latino: en su salsa

 

 

Por Adlai Stevenson Samper

Los esclavos africanos de las plantaciones del sur de Estados Unidos estaban severamente vigilados. Nada de toques de tambores. Menos de misteriosos rituales. Hasta las conversaciones eran motivos desospecha paralos ‘overs’, capataces con atribuciones supremas. Los Sprituals, los Gospels y Blues son la ‘vocal’ salidanatural a estas condiciones trágicas de existencia yconstituyen un hilo cultural con las danzas Calenda y Caringa del África lejana. Esas mismas danzas, además, forman la lejana referencia con nuestras diversas variantes de fandangos de lengua.

Al escribir la prehistoria del jazz fue necesario —para abordar el continuum rítmico perdido— acudir a los buenos oficios de músicos del Caribe: haitianos, cubanos, mexicanos y puertorriqueños que aportarían a la construcción histórica de este género desde varias perspectivas: melódicas, armónicas (los haitianos que anduvieron por Nueva Orleáns a principios del siglo eran músicos de conservatorio) y por supuesto, las percusivas.

Por todas estas circunstancias expuestas, a los músicos afro americanos de jazz siempre les han parecido las sonoridades del Caribe un atrayente  territorio de exploración y de aprendizaje. La pruebae lo anterior se encuentra en la búsqueda de tamboreros para las bandas de jazz: desde Chano Pozo pasando por Aquabela, Mongo Santamaría, hasta Armando
Peraza, existe una larga lista de nombres que aportaron la cuota rítmica a estas agrupaciones.

La inmigración boricua a Estados Unidos a partir de 1917 por obra de la Ley Jones, conformó una vasta colonia de inmigrantes en barrios como el Bronx. Esto, sumado a las migraciones de América Latina desde finales de los cincuenta y sesenta, acrecentó un vasto auditorio, epicentro para la aparición de algunas bandas musicales que recogían diversas vertientes musicales. Machito, Curbelo, Izinaga y Noro Morales
fueron algunas de estas pioneras agrupaciones desde los años cuarenta. El caso de Joe Cuba a mediados de la década del 60 es sintomático: un sonido que proviene de George Shearing y Carl Tjader envuelto en
el popular formato de sexteto. Tito Puente y Tito Rodríguez ejercían sus respectivas aproximaciones desde las míticas batallas en los ‘Ballrooms’ de los años 50 como el Palladium y el Savoy.

Gillispie, desde el jazz, presentaba similares elucubraciones sobre los ingenios de combinar y fusionar. Igual postura asumieron Stan Kenton o el genio de Miles Davis. Por su parte, el estadounidense Chick Corea tocó tumbaos latinos con la bandita del vibrafonista Dave Pike en 1964.

Por supuesto que dentro de la salsa se encontraban músicos que nadaban entre el jazz y la música cubana —base esencial de la salsa— sin ningún problema: Palmieri, Barreto, Harlow, Ricardo Ray, entre otros.
Estos músicos acrecentaron el interés por la música cubana desde el ángulo de la salsa, mientras en Cuba pasaba el temporal de cambios revolucionarios en todos los niveles, incluidos la temática de las letras y las formas musicales

Por eso no es extraño a estas alturas que Cedar  Walton, un respetable pianista con trayectoria dentro del jazz, muestre con suma sutileza que el jazz latino es una poderosa corriente que ha echado su salsita para condimentar los arreglos de cualquier tema de jazz. Los desarrollos de Walton en sus interpretaciones incluyen alardes con el Hard bop con su mano derecha, trazos de ‘Swing’ con la izquierda y construcciones rematadas con ‘tumbaos’ de piano al estilo de cualquier músico de origen latino.

La sospecha se acrecienta cuando nos percatamos que la ausencia notable de nuevas corrientes estilísticas al interior del jazz, produce este tipo de eclécticas intervenciones musicales del talante de las propuestas
por Walton y otros músicos de diversas procedencias que usan funcionalmente al latín jazz. Si estamos ante un mero recurso formal, no hay duda que se trata de una incorporación autenticada, equiparándolo con el Be bob, el Hard bop, el Swing, el Free jazz y el Electric jazz, para no mencionar todo el vademécum del Nuevo jazz.

Entonces, nos encontramos ante evidentes malas noticias para los ‘puristas’ del jazz que se encuentran parqueados cómodamente ante una historia ideal del género, descartando la presencia de mutaciones y metamorfosis sonoras. El famoso ‘toque latino’, aparte de constituir en un elemento básico del arsenal sonoro, se presenta agresivamente como una de las opciones mas fuertes para el futuro desarrollo del jazz en general. Solo es cuestión de echarle salsita y darle un poquito de tiempo al asunto.

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