
En octubre de 1984, el periodista y escritor colombiano
Medardo Arias Satizábal, residente hoy en Hartford, entrevista a
Héctor Lavoe en Cali, Colombia. Hizo amistad con el cantante en
el otoño de 1983, en Nueva York.
Por Medardo
Arias Satizabal.
Afuera, el coliseo del puerto
de Buenaventura, en la costa del Pacífico colombiano, era un
hervidero de gentes que pugnaban por entrar, pero el lugar
estaba hasta el tope, y la policía había recibido orden de
cerrar la puerta. Hasta en las vigas del techo, los admiradores
de Héctor Lavoe esperaban, cual si fueran trapecistas, el
momento de lanzarse a la euforia colectiva.
En el camerino, Héctor me pidió con urgencia unas rosas blancas.
Antes de saltar a la tarima, quería hacerle un homenaje a
Changó, la deidad africana a la cual estaba consagrado. Como
hijo del que ampara la guerra y el trueno, la fuerza y la
fertilidad, portaba siempre al cuello un collar de cuentas rojas
con un carcaj en oro, repleto de flechas. Como pude y a esa
hora, hice conseguir las flores, y Lavoe las puso sobre tres
botellas vacías, a manera de floreros. Ahí rezó, concentrado, y
en minutos corrió hacia el lugar donde ya lo esperaba su
orquesta con los acordes de “Calle Luna, Calle Sol”.
“En los barrios de guapos/ no se vive tranquilo/ evitar es
mejor/ o no vales ni un tiro…”, cantó Lavoe, y de pronto se
escuchó un ruido como de temblor de tierra. Los nativos del
puerto que no habían podido entrar y sin embargo habían comprado
boletos, corrieron con un tronco de árbol y cargaron contra la
puerta del coliseo, como los vikingos. Aquello fue una locura
obligó al propio Lavoe a pedir cordura para evitar desmanes. Con
la puerta franca, ...

Hector
Lavoe en la discoteca JUAN PACHANGA en cali
toda Buenaventura
estuvo ahí coreando con la orquesta. Changó había hecho lo suyo.
Para los nacidos en Buenaventura, como para los caleños, Lavoe
siempre fue un mito, el mismo que pude conocer personalmente en
el otoño de 1983 en el “Studio X” de Manhattan, donde ensayaba
con su banda. Ahí me presentó a su pianista, “el profesor Joe
Torres”, a quien me describió como “el hombre que se come los
guineos, y se fuma las cáscaras…”
Si Lavoe viviera, estaría cumpliendo 60 años. Había nacido en
Ponce, el 30 de septiembre de 1946, y desde muy niño, rodeado
por una familia musical, -su padre y su madre cantaban en las
fiestas patronales- y como él mismo lo reconocía, se le “zampó
la guapería en la sangre…”. Willie Colón, uno de sus más grandes
mentores, piensa que el secreto de su voz recibió la influencias
de Gardel, de Ramito, de Chuíto el de Bayamón, de Odilio
González, y supo combinar todo esto con la picardía de Cheo
Feliciano y los robateos felices de Ismael Rivera, el Sonero
Mayor.
El momento en que estuve más cerca de esta gloria de Puerto
Rico, fue en 1983, en un pequeño club de Le Jeune Road, en las
inmediaciones del aeropuerto de Miami. Yo andaba de gira con
Héctor Lavoe y su orquesta, y ante la ausencia del presentador,
debí anunciar al Cantante de los Cantantes, pero el hombre de
las canteras de Ponce no aparecía ...
por ningún lado.
Claro, a él lo llamaban también, con razón, el Rey de la
Puntualidad.
El club estaba atestado de caleños y cubanos que rápidamente
empezaron a protestar, pues nos sabían si esta era una nueva
ausencia del viejo Héctor. Debí acudir a su habitación para
convencerlo de bajar a cantar. Estaba sentado en la cama,
tembloroso, viendo “Rambo”, con el televisor a gran volumen.
Mientras Stallone avanzaba por una selva minada de enemigos y se
amarraba un trapo en el brazo para contener una hemorragia,
Lavoe saltó como felino hacia el baño, y en instantes estaba
trajeado como un cantante de chalequillo verde; vació sobre su
cabeza un frasco de colonia y salió corriendo hacia el ascensor,
yo detrás, tratando de alcanzarlo. Entró como una tromba en el
escenario, con su himno bandera, “El Cantante”, muy popular
donde quiera.
Al día siguiente, el responsable de la orquesta debió pagar al
dueño del hotel los daños causados por Lavoe en la habitación.
Había pintado en la pared, con marcador verde, una imagen de la
Virgen de la Caridad del Cobre, con un letrero enorme, abajo,
que decía, “Ampárame”. Comprendí entonces que el excelso
cantante estaba ya ardiendo en el infierno de las drogas y este
era como un llamado de auxilio.
Acabábamos de llegar de Nueva York en un vuelo de la desparecida
aerolínea Eastern, el cual estuvo a punto de irse a tierra,
después de sobrevolar la ciudad con una sola turbina. Debimos
regresar de emergencia al aeropuerto Kennedy, y lo que fue
tragedia incialmente, se convirtió en una fiesta. Sentados en el
piso del aeropuerto, esperando una aeronave que despegó hacia
Miami a la 1 de la madrugada, la orquesta en pleno prendió un
jolgorio improvisado, donde Milton Cardona tocaba las congas,
sacándoles candela, y Lavoe cantaba “Aguanile”, mientras su
esposa, la fogosa ¨Puchi¨, recorría el aeropuerto hecha una
fiera, preguntando a qué horas nos iban a dar un nuevo avión.
Estos buenos recuerdos de quien fuera mi amigo y confindente en
Nueva York, Miami, Cali y Buenaventura, han sobrevenido ahora
que conozco el anuncio de la película “El Cantante”,
protagonizada por Marc Anthony (Lavoe), y su esposa Jennifer
López, en el papel de la Puchi.
La película, en la cual la actriz acaba de invertir US$20
millones, a través de su empresa Nuyoricans Productions, tiene
todas las características del éxito. El rodaje se realizó en
Puerto Rico y Nueva York, y aunque los salseros de mata, los
ortodoxos, no se fian de la voz de Anthony para emular a Lavoe,
dicen los entendidos que la banda sonora salió bastante bien.
Marc no sólo canta “Cheche Colé”, sino también “Todopoderoso”,
“Todo tiene su final” y “Paraíso de Dulzura”.
La película está dirigida por el cubano León Ichaso; otro León,
Gast, hizo la gran película de la Salsa en 1972: “Nuestra cosa
latina” . Ichaso es el autor de la película “Piñeiro”, sobre un
poeta del Lower East Side, compañero de andanzas de Pedro Pietri.
Rodó también, con éxito, “Sugar Hill”.
Para hacer esta
película, se inspiró
en la obra de teatro “¿Quién mató a Héctor Lavoe?”, la cual fue
estrenada en 1999 en Nueva York, con la la voz de Domingo
Quiñonez. Al tiempo, en Puerto Rico se habla del rodaje del
director Anthony Felton, quien ha convocado a la actriz mexicana
Patty Manterola para el papel de la Puchi.
Se trata pues de dos películas sobre uno de los cantantes más
queridos de Puerto Rico, una de las grandes voces del bolero. A
estas producciones se une el trabajo documental que sobre su
vida, se alista en Francia. Lavoe falleció el 29 de junio de
1993, a los 46 años. Vivió como un huracán.