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'El cantante'
Héctor Lavoe, el más importante intérprete de salsa de la
historia, es recordado este año con el lanzamiento de dos
películas sobre su vida.
Héctor Juan Pérez Martínez se
podría llamar cualquier latinoamericano del montón. Simple y
común. Pero Héctor Lavoe es un nombre de leyenda, sinónimo de
salsa en su más pura expresión. Aun así, este monstruo de la
música conservó hasta el final de sus días la sencillez propia del
nombre que le dieron sus padres, Panchita y Luis Pérez, cuando
nació, el 30 de septiembre de 1946, en Puerto Rico. A eso también
debió uno de sus más famosos apodos, el 'jibarito de Ponce',
porque siempre vivió orgulloso de su raíz campesina y humilde.
Tal vez fue por eso que cuando la fama le llegó rápido y de golpe,
después de que en 1967 se convirtió en el cantante de la banda del
trombonista Willie Colón, se dejó llevar por el mundo de las
drogas. Quizá no supo asumir su desbordante éxito de otra manera.
Poseer tanto dinero tampoco le era natural, así que se tomó,
inyectó y esnifó hasta el último dólar que le pagaron. Aun así, su
voz, la 'Voz', entró en el corazón de todos los latinos que se
identificaron de inmediato con la explosión de la salsa y del
sello disquero de La Fania en la Nueva York de los 60 y 70. Es por
esto que en 2007, 14 años después de morir de sida, se estrenan
dos películas que recuentan su historia. El Cantante,
protagonizada por Marc Anthony y Jennifer López, y The Singer, con
la participación de India y la actuación de Raúl Carbonell, el
mismo actor que encarnó a Lavoe en la obra de teatro ¿Quién mató a
Hector Lavoe, que se estrenó en Broadway en 1999.
"Me paran siempre en la calle, mucha gente que comenta: Oye
Héctor, tú estás hecho, siempre con hembras y en fiestas. Y nadie
pregunta si sufro, si lloro, si tengo una pena que hiere muy
hondo", era una de las estrofas de El Cantante, la canción que le
escribió Rubén Blades y que se convertiría en su sello personal.
Ese era él, 'El cantante de los cantantes', el más grande, el
único.

Aunque Héctor Lavoe no era un gran bailarín,
lograba capturar a la gente con el ritmo y la sabrosura de su voz.
Siempre mantenía el diálogo con el público, que coreaba sus
canciones a todo pulmón
En la película ‘El cantante’ el salsero Marc
Anthony interpreta a Héctor, y su mujer en la vida real, Jennifer
López,hace el papel de su esposa Nidia Román, más conocida como
‘La Puchi’
Cuando era apenas un adolescente
dejó su hogar y su tierra natal para buscar fortuna en Nueva York,
la Gran Manzana. Estaba cansado de que su padre insistiera en que
debía estudiar para formarse y ser alguien en la vida. En la
capital del mundo sobrevivió con lo que le daban su trabajo como
lavaplatos y limpiando mesas, mientras vivía en la casa de su
hermana. La fama le llegó pronto y junto a Colón formó uno de los
dúos más innovadores de la música latina. Pusieron a bailar a todo
el continente con sus canciones, Calle Luna Calle Sol, Juanito
Alimaña, La Murga, entre muchas otras. Impusieron el estilo propio
de la salsa con sus letras urbanas, de historias de barrio propias
de la vida que llevaban los inmigrantes en el Bronx o el Harlem
Latino. Luego se convirtió en el líder de su propia banda y logró
la gloria con canciones como Periódico de ayer, El Todopoderoso,
Rompe Saragüey y Mi Gente.
Siempre se distinguió por ser 'el rey de la puntualidad', pero
aclaraba en la canción que lleva el mismo nombre:"yo no soy quien
llega tarde, ustedes llegan muy temprano". Aun así, el público se
dejaba hechizar por él a pesar de la espera, en gran parte gracias
a su sentido del humor. Willie Colón decía que nueve de cada 10
veces los asistentes terminaban perdonándole sus retrasos, aunque
en alguna oportunidad tuvieron que huir corriendo de la turba
enfurecida.
La gente se identificaba con Héctor porque veían en él a una
persona como ellos, trabajador, del barrio y echado para adelante.
"Su encanto no era sólo su voz privilegiada con una afinación y un
tono magníficos. El personaje era animoso, privilegiado con gran
encanto y un don para comunicar" , explicó a SEMANA César Pagano,
investigador y difusor de la música del Caribe y dueño del bar
Salomé Pagana Club Social.
Pero, a pesar de todo, su vida siempre estuvo marcada por la
tragedia. Cuando apenas tenía 4 años falleció su madre. Al poco
tiempo perdió a uno de sus hermanos mayores. También debió
sobrellevar en 1987 que su hijo menor muriera a los 17 años a
causa de un accidente con un arma de fuego, que su suegra fuera
asesinada, la muerte de su padre y ser diagnosticado con el virus
del VIH. Para completar su desgracia, en 1988, cuando parecía
haber perdido la esperanza, quiso suicidarse al lanzarse de un
octavo piso, pero corrió con la mala suerte de no morir en el
intento. Su cuerpo quedó muy malherido y medio paralizado, lo cual
no le dejó fuerzas para luchar contra la enfermedad que terminó
quitándole la vida el 29 de junio de 1993.
"Yo lo vi en un hotel horas antes de un concierto. Estaba sentado
en la mesa que quedaba al lado de la nuestra. Lo que hizo durante
una hora entera, antes del 'show', fue tomar vasados de whisky,
pasárselos con una raya de coca y luego ponerse la máscara de
oxígeno, porque sufría de asma", contó a esta publicación José
Arteaga, escritor, periodista y salsómano, codirector de la página
www.salsajazz.com. Con admiración recuerda cómo se transformaba
sobre el escenario, en donde verlo era estar en presencia de una
leyenda que, a pesar de llevar una vida dura, llena de tristeza y
con una clara tendencia autodestructiva, lograba contagiar la
alegría de su música en todo aquel que la escuchaba. A pesar de
ser de signo libra, Lavoe no conocía de equilibrios y su
existencia se movía entre los extremos. Los viajes eufóricos de la
heroína y los bajones depresivos y ansiosos de la abstinencia; la
humildad de su procedencia y los lujos exuberantes de la vida de
un cantante famoso.
Muchos han querido ver a La Fania y a su director, Johnny Pacheco,
como villanos en la historia de Lavoe, como quienes lo explotaron
y luego no le quisieron tender una mano durante sus momentos de
mayor necesidad. El propio Colón, que decidió alejarse de la
oscuridad por la que pasó su amigo y compañero, escribió una carta
abierta después de la muerte de Lavoe, que fue publicada en
español en el diario Claridad y en inglés en Newsday (ambos medios
de Nueva York), en donde acusaba a sus fanáticos por soportar sus
malos hábitos y falta de profesionalismo, a los empresarios
musicales de no pagar las regalías justas a su artista y hasta se
acusó a sí mismo de haber traicionado a Lavoe por no haber tenido
el coraje de enfrentarlo y hacerlo caer en la cuenta de su mala
condición y sus adicciones.
"Trato de complacer la humanidad, pero mi dicha aquí ha sido
fatal, no pierdo la esperanza de luchar, y seguro que mi suerte
cambiará, pero ¿cuándo será?", cantaba Lavoe en el clásico de la
salsa El día de mi suerte. 'El único hombre de la Fania que de
frente parece que estuviera de lado', 'el hombre que respira
debajo del agua', en definitiva, el más grande intérprete de este
género, tal vez sin saber, describió su vida en esa estrofa. Pero
aun así, el mensaje que se repite en las gargantas de sus
seguidores es el famoso grito: "¡Que cante mi gente!", porque fue
en la música en donde dejó plasmada la alegría que no pudo
disfrutar en la vida real.
Articulo prublicado por primera vez en la revista SEMANA
:
05/05/2007
SOBRE LOS DERECHOS DE AUTOR
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