|

POR ALEXIS MÉNDEZ
No sé si estoy equivocado, pero siento que al legado musical de Willie Colón no
se le ha dado un justo valor. Todavía se habla de su desafinada orquesta y se le
llama trombonista inexperto, sin tomar en cuenta la evolución que experimentó su
carrera de músico y su obra.
Recuerdo
que un conversatorio que sostuvo Johnny Pacheco en el Centro León de Santiago de
los Caballeros con los medios de comunicación, definió los arreglos de Willie
como “raros”, en un tono que a mí me pareció despectivo.
Otro
episodio lo leí en las memorias de Jerry Macussi. El presidente de Fania había
recibido una llamada de Ismael Rivera, quien se quejaba porque este había
invertido 75,000.00 dólares en la producción “Solo”, un disco en el que Willie
decidió ser cantante, mientras que en él, que era “El sonero mayor” gastaba
mucho menos.

En estos
días llegó a mis manos un diccionario del Jazz Latino, escrito por Nat Cheidak,
un experto en cultura latinoamericana, y patrocinado por el cineasta español
Fernando Trueba. En este aparecen grandes figuras de nuestro Jazz y la música
afro-antillna. Pero Willie no está, aunque sí aparecen otras figuras de la
salsa.
Si bien
es cierto que este neoyorquino empezó en la música profesional siendo un
adolescente novato, lo es también que los años le dieron mucha experiencia. Al
parecer, las novatadas, reflejadas en sus guarachas, es el único recuerdo que
tienen mucha gente.
Ese
sonido inexperto, agrio y desenfadado, el cual era muy sincero, fue lo que
conectó con la juventud irreverente que acogió el grito de guerra que pregonaba
la salsa, y eso tiene peso.
Por otro
lado, los que olvidan o detractan a Willie tienen que recordar la pausa, que
entre 1973 y 1975, este hizo para prepararse más. Los frutos se vieron en discos
como “El bueno, el malo y el feo”; en álbumes como “Solo” y “Fantasma” donde
además de atreverse a cantar, introduce verdaderos arreglos sinfónicos a la
salsa. También produjo trabajos de ensueños junto a Mon Rivera, Celia Cruz, e
Ismael Miranda. Como productor, nunca desamparó a Héctor Lavoe, realizándole una
discografía extraordinaria. Y como si fuera poco, fue el catalizador de las
grandes ideas del sonero-poeta Rubén Blades. Como ejemplos, cito al clásico
larga duración “Siembra”, el primer disco de salsa que vendió más de un millón
de copias, y cuya calidad es incuestionable, y los dos volúmenes de la obra
musical “Maestra Vida”.
Otros
aportes por los cuales Pacheco y Maelo debieron referirse con más respeto hacia
Willie, y por lo cual debió estar en aquel diccionario de Cheidak y Trueba, es
la inclusión de elementos de la música Jíbara de Puerto Rico al movimento de la
salsa, lo que se ve plasmado en sus discos “Asalto Navideño” vol.1 y 2, y otras
grabaciones donde el cuatro puertorriqueño, ejecutado por Yomo Toro, sustituyen
al Tres cubano.

Entonces, ¿hay o no aval necesario para darle sumo valor a este hombre?, ¿está o
no Willie a nivel, o por encima de muchas figuras idolatradas?
Quiero
terminar con una cita de Enrique Romero, con la que estoy de acuerdo. Este dice
que “El argumento más sólido y sonoro contra aquellos que dicen que la salsa no
es más que un invento comercial, o que sólo se trata de música cubana con
arreglos modernos, es la obra de este nuyorican, pues en ella convergen todos
los elementos específicos que le dieron carta de naturaleza a la expresión:
textos anclados en la circunstancia del barrio marginado, lenguaje marginal
(caló), reivindicación de la cultura caribeña ancestral, estética urbana,
identificación y, en cierto modo, rechazado del mundo lumpen, sonoridad áspera e
hiriente, vinculada de forma descarada y desafiante a través de la ronquera del
trombón, asimilación de complejos de los sonidos anglosajones y, por último,
empleo indiscriminado, pero coherente, de los géneros y ritmos afro antillanos
en la estructura íntima de cada tema”.
Willie
no debe ser marginado.... Willie es la salsa.
Cortesia
www.hoy.com.co
SOBRE LOS DERECHOS DE AUTOR
|