Sus millares de
seguidores acudimos a verlo, al creer que finalmente había derrotado a
la fatalidad. Que desilusión... Durante cinco minutos, HÉCTOR LAVOE
estuvo tratando en el escenario de hilvanar siquiera una palabra de
"mi gente". No pudo hacerlo.
Fueron los cinco
minutos mas largos en la vida de quienes hemos hecho de la salsa el
ritmo para embriagarnos musicalmente. Y esa noche estábamos
embriagados... Con un solo trago llamado fania all stars, de cuya
resurrección éramos testigos.
Había cantado Cheo
Feliciano, con su sentimiento eterno. También los Ismael, Quintana y
Miranda, lo de Adalberto Santiago y Pete el conde Rodríguez fue
igualmente sensacional. La ultima reapareció oficial del grupo salsero
mas famoso del mundo, tenia que ser por supuesto ella, la reina, Celia
Cruz.
De todas maneras,
la gente esperaba a otro que había sido anunciado, pero que no hizo
parte del grupo en el saludo inicial, Además, la duda de que fuera
cierta su presencia siempre floto en el ambiente, ya que de acuerdo a
todo lo dicho en los últimos años, HÉCTOR LAVOE estaba terminado.
Mientras Celia
cantaba, el puertorriqueño hizo su ingreso a los vestidores, ubicados
en la parte trasera de la tarima. Su dificultosa forma de caminar
indicaba una realidad sombría. La pierna siquiera prácticamente
inmovilizada, le obligaba a estar siempre apoyado en su amigo y
promotor Héctor Maisonave y de un familiar.
La distancia de
unos cien metros desde el parqueadero, la recubrió lenta y pesadamente
mirando hacia una parte y otra, pero sin decidirse a fijar sus ojos en
un sitio determinado. Su rostro delataba la amargura que lo ha
acompañado los últimos años , aunque hacia esfuerzos por mostrarse
alegre. Imposible. Era un hecho que EL CANTANTE DE LOS CANTANTES
estaba tocado por la fatalidad.
Al escuchar la
música que venia del interior, giraba la cabeza y le murmuraba a su
esposa PUCHI:
-"Ahí están, ahí
están..."
."Si amor ahí
están", respondía ella.
No menciono
específicamente a sus compañeros soneros de la fania, pero quienes
estábamos cerca comprendimos que se refería a ellos, los mismos que
hasta hacia 3 años compartieron con el éxitos y dinero. Para ser
sinceros, HÉCTOR siempre fue el mas importante, el autentico ídolo, el
que enloquecía a la gente y el que mas discos vendió.
Media hora
permaneció el cantante en el interior de su camerino, custodiado por
dos guardias de seguridad y un forzudo voluntario.
PUCHI salio en un
instante a pedir la ayuda de alguien para vestir a su esposo, quien no
pudo hacerlo por si mismo y había decidido lucir igual a sus
compañeros, todo de blanco y azul.
Ella misma se
encargo de decirnos que tratáramos de no preguntarle nada a HÉCTOR ,
no porque quisieran negarlo sino porque el era incapaz de responder.
Minutos mas tarde lo comprobaríamos con amargura, pues HÉCTOR LAVOE
parecía estar viviendo en otra dimensión. Con dificultad subió al
escenario, del brazo de Ralph Mercado, después de que termino Celia.
Fue alborozado el recibimiento de sus compañeros, quienes tampoco lo
veían desde hace años y creían como todos que su estado daba para
cantar.

El maestro Pacheco
ordeno los primeros acordes de "mi gente". Le entrego el micrófono.
Pero HÉCTOR movilizándose con dificultad y sin ayuda de nadie durante
aproximadamente cinco minutos, trato, sin lograrlo, de cantar.
Balbuceaba cosas sin sentido por lo cual el ingeniero de sonido tuvo
que reducir al mínimo el sonido del micrófono.

LLANTO
Colaboraron las
voces de Adalberto Santiago y Cheo Feliciano en un coro improvisado
mas con el animo de sostener el compañero en pie, que de continuaron
algo que se convirtió en dramático.
-"Allí esta mi
abuelita, mírala allí esta"-, le decía HÉCTOR a Pacheco señalándole un
sitio . Pacheco giraba la cabeza con el y aunque sin ver a nadie le
confirmaba -"si, ahí esta, es linda tu abuelita".

Pacheco no aguanto
mas y tiro su micrófono al piso. Se puso a llorar de espaldas al
publico y de frente a su orquesta. Cheo lloraba también, pero lo
disimulaba sonriendo, Ray Barreto se inclino sobre las congas. Roberto
Roena parecía paralizado también junto a las suyas. El bomberito
Zarzuela puso la trompeta a un lado y se cubrió el rostro con un
pañuelo.

PUCHI calma a HÉCTOR después de bajar
de la tarima tras no haber podido cantar.
Fue el momento mas
dramático de la reaparición de la fania, cuando toda la gente pago por
ver la dura realidad de un ídolo quien al fin y al cabo canto para
todos en silencio. Su voz se esfumo, la enfermedad que para entonces
se rumoraba tenia pero que nadie confirmaba seguía avanzando , muchos
ya opinaban que debíamos prepararnos para el desenlace fatal de un
momento a otro. Ignoro quien pronuncio por ahi la frase de cajón de
que la función tenia que seguir.
Por: Nestor Espinosa. (New
York.)