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Con 56 años entre el público, dice que su
alimento es estar entre la gente.
Entrevista realizada en la ciudad de Medellin en el año
2006.
Por:
John
Saldarriaga
Alfredo Armenteros cuenta que su apodo,
Chocolate, le vino un día de 1953, cuando era tenía 25 años.
Hacía un programa en Radio Cadena Habana, en el que presentaba músicos en
vivo. Un día fue a refrescarse con sus invitados a un sitio cercano. Unos
tomaban leche; otros, café. Él bebía su "coñaccito".
De pronto, una chica llegó alborotando el mundo tras él y tapándole los ojos
con las manos, le gritó: "¡Hola, Chocolate!" "Mira, chica. Yo soy Alfredo
Armenteros". "¡No, no -insistió ella-. Usted es Eligio Armenteros!" Se
refería Kid Chocolate, boxeador cubano. Los otros rieron y así lo dejaron.
Es un negro fornido y alegre. Rodea su cuello con una cadena dorada de la
que pende una trompeta. En su reloj, el minutero es una trompeta. Es dueño
de una voz cálida y recia. Habla se oye sin parar de su vida, que inició el
4 de abril de 1928, en Ranchuelo, Provincia de las Villas, Cuba, y la cual
ha ido llenando de música, amigos, mujeres, fiesta, tabacos y coñacs.

Maestro, cuéntenos acerca de sus primeros años en la música.
"Tan pronto cumplí los 21 años fui a La Habana para hacerme músico. Toqué en
un sitio llamado Martivelona, lleno de mujeres que cobraban 10 ó 15 centavos
por... pieza.
El primer disco lo grabé con René Álvarez y su grupo Los Astros. Recuerdo la
canción Niñas y señoras. Desde ese momento soy profesional, aunque
sigo en el kidergarden.
Tenía en mis sueños tocar con Arsenio Rodríguez. Una vez su trompetista
enfermó. Él me oyó tocar y dijo: "Éste es el músico que necesito". Y me
preguntó: "¿Quieres empezar conmigo mañana?" Y yo grité: "¡Ya mismo!"
Tocamos por primera vez en un sitio llamado El Polar. Tocar con Arsenio ha
sido mi mayor orgullo. Con él supe lo que es graduarse en el son.
Recuerdo que él hizo una canción que tituló Ahora sí me boté de güeño
(guapo). Me la regaló y con la plata de ese número compré mi primer
uniforme".
¿Cuándo vino por primera vez?
"Fue en el 53, lo hice con mi primo, Benny Moré. Recién habían construido la
Panamericana. Entramos por Santa Marta, pasamos en carro a Barranquilla y
tomamos avión para acá. Nos presentamos en el radio teatro de La Voz de
Medellín".
¿Cómo describe su participación en el jazz y los festivales?
"La guajira es el sentimiento del campesino cubano; el blues, el del
campesino americano y el jazz, ocho compases acompañados de inspiración.
Pero el mío no es jazz con doble zeta. Lo que hago es jass con doble
ese. ¿Y sabe por qué? Porque ya soy sonero. No toco dos veces de la
misma manera y eso es el jazz. Comienzo a tocar, voy calentando el ánimo y
si alguien se mueve en su silla, las cosas varían".
¿Qué dice de la música actual?
"Toda la música con su época. Uno goza la de su juventud. Hoy hay otra
música. Es la evolución. Hoy muchos la hacen con computadora. Al reggaetón
lo defiendo. En el son, la inspiración tiene su espacio; en el reggaetón,
ésta es seguida. Quien no esté de acuerdo con los cambios y no acepte lo de
hoy, se debe morir. Yo, en cambio, quiero continuar".
Willie Colón dijo en este medio: la salsa ha perdido su esencia. ¿Usted que
cree?
"La salsa nunca ha existido. Es un nombre comercial. Alguien me dijo un día:
"Yo inventé la palabra salsa". Le dije: "Espérame, no más". Le traje un
disco que grabé en el 53, con Cheo Marchetti y Sus Salseros. Y le dije que
en el año 28, Armenteros grabó Échale salsita.".
¿Qué música suele escuchar?
"Hay veces que me levanto rumbero y pongo un disquito de mis Muñequitos
Matanceros. Otras me levanto romántico y oigo boleros. Algunas más escucho
jazz. Pero nunca la música que yo hago; no me gusta.
¿Qué hace en un día ordinario?
"A veces abro los ojos a las cuatro de la mañana. Me tomo un vaso de agua
fría, un café negro, enciendo un tabaco. Y ahí sí, me tomo un coñaccito para
levantar la moral; luego, otro para no resfriarme en el baño; después, otro
coñaccito para no pescar un frío al salir a la calle... Ya por ahí, bebo una
cerveza Beg, con poco alcohol. Vuelvo a casa al mediodía. Tomo un vino
blanco, para el apetito. Cocino yo mismo, almuerzo, hago siesta y, en la
tardecita, salgo a caminar y encontrarme con amigos. Mi alimento es estar
con la gente. Por eso he sido privilegiado: ¡56 años entre el público!

Vivo en Manhattan y tengo dos limosinas. Una, de seis ruedas: es el autobús.
La otra es el tren. Voy hasta la última parada. Desde allí me devuelvo
caminando, sin apuros. Enciendo un tabaco y no miro los animales del
zoológico que está por ese lado. Veo a la gente apurada por regresar a la
casa como si ésta se fuera a ir de ahí.
Nunca me han gustado los apuros. Ni he resistido directores que sean
apurados. ¡Todo esto es un vacilón!".
Articulo publicado originalmente en el
periodico el colombiano en
septiembre 15 de 2006.
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